Otras formas de compromiso.

Cynthia Ozick dándole cera a Norman Mailer (vídeo).

Ayer me vi en situación de justificar que no soy periodista ni tengo la intención de pasar por uno. Donde el mundo literario angloparlante tiene la costumbre de consumir sus contenidos en forma de essays y thinkpieces, aquí estamos más acostumbrados a los artículos y columnas de la prensa generalista. Frente a la nomenclatura académica de unos, que para mí sugiere una intención dialogante e incluso recreativa, los otros mantienen una clara vocación periodística. El matiz es significativo: incluso enfrentados a contenidos culturales, parece que estamos empeñados en buscar en todo una ilusión de objetividad y propósito. Vemos la información como algo útil, una herramienta para ganarle batallas ideológicas al vecino en barras físicas y virtuales. También en las ocasiones en que sólo está en juego una apreciación literaria, es decir una simple perspectiva personal, de la realidad (y eso pasando por alto que el simple hecho de esgrimir un dato en un contexto y actitud determinados echa a perder la supuesta objetividad). Llevo dándole vueltas a esto desde que una vez, después de contar todo lo que tenía para contar en un ARTÍCULO (odio tener tan pocas alternativas, de verdad), alguien opinó que en realidad no había contado nada. Quizás los tiempos no soporten que los dos podamos tener razón.

Los siguientes fragmentos pertenecen a la introducción que Cynthia Ozick escribió para su volumen de ensayos Quarrel & Quandary (2000). Como siempre, he intentado hacer una traducción de sentido para uso personal. En ella he encontrado consuelo, de momento y por la cuenta que me trae.

Cuando hay información en un ensayo, es incidental, y cuando también hay una opinión, es mejor que no se tome en cuenta a largo plazo. Un ensayo auténtico no tiene utilidad educacional, polémica o sociopolítica.
A veces un ensayo puede incluso inventar, quemar, tantear, probar, proyectar, sucumbir a esa inundación de señales y matices que se suman a la intuición, la revelación, el descubrimiento. La única no-ficción que merece la pena escribir —para mí al menos— prescinde del don de la enumeración, no es heredera de nada y se lanza con los bolsillos vacíos desde cero.
Casi todos los ensayos, como todo relato, son un experimento, no un credo. Lo que yo rechazo (...) es la inferencia de que un puñado de ensayos equivale a una Weltanschauung*; un ensayo no suele ser más que otra ficción, sencillamente —un relato breve contado en forma de digresión, o una historiografía, o incluso (muy de vez en cuando) una iluminación. Pero nunca una doctrina.
George Orwell, en 'Por qué escribo', afirma que 'la opinión de que el arte no debería tener nada que ver con la política es en sí una actitud política'.
Una reflexión sobre un cacillo que está en el cajón de la cocina puede tener más sustancia que lo que tiene el Presidente entre manos cuando lo que tiene el Presidente entre manos es demasiado trivial para soportar un análisis serio. El motivo esencial tiene que ver con la idea de lo efímero. La historia es y no es efímera; las situaciones y los acontecimientos se evaporan, pero su residuo moral e intelectual no.
Lo que Saul Bellow llama 'la complejidad oceánica y proliferante de las cosas' impide que la mente se concentre. ¿Que se concentre en qué? En lo no transitorio. Y es en ese fundamento negativo donde pongo mi propósito.
Lo que estaba claramente en juego era la convicción periodística (...) de que hay un espacio limitado en cada página (incluso en una página cibernética**), así que mejor será llenarla de Ahora. (...) Las generaciones, las vuestras y la mía, son más anchas y espaciosas y más flexibles que eso.
Cuando oigo que alguien (setentón o de veintitantos) dice 'mi generación', sé que estoy en presencia de una mente trivial. No es esto lo que quería decir Orwell cuando hablaba de que estamos condicionados por las turbulencias de nuestro propio tiempo. Cuando aludimos a 'nuestra época', o bien incluimos a nuestros predecesores y su legado (también sus osadas genialidades) o ponemos en evidencia la pequeñez de nuestro cerebro e intuición.

* Visión del mundo, en alemán en el original.
** Sic. Siglo XX, amigos.